Morocco: A Handicraft Lover’s Mecca

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Marruecos: la meca del amante de la artesanía

Si, como a mí, te apasiona la artesanía, las medinas de Marruecos serán tu meca, sobre todo en la ciudad amurallada de Fez, un lugar Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.
December 16, 2020

En los callejones serpenteantes de Fez, una de las cuatro capitales históricas de Marruecos, los artesanos llevan siglos creando a mano preciosos artículos como pantuflas bordadas de piel de cabra, jofainas de cobre grabadas y mosaicos caleidoscópicos. La ciudad se labró su reputación en el mundo de las artes y el aprendizaje bajo el mecenazgo de la dinastía de los almorávides en los siglos XI y XII y, más adelante, el sultanato benimerín. Esto atrajo a inmigrantes cualificados del norte de África y el Mediterráneo. En la actualidad, gracias a un robusto sector turístico y al apoyo del gobierno marroquí, muchos de los oficios medievales han sobrevivido a la embestida de la producción en masa y aún se llevan a cabo dentro de las murallas de la zona vieja de Fez.

Descubre los cinco productos artesanales cuya elaboración podrás ver de primera mano en uno de nuestros viajes a Marruecos y que —si tu capacidad de regateo está a la altura— podrás llevarte contigo a un precio envidiable.

 

Cerámica

¿Por qué cenar en un plato blanco clásico cuando puedes disfrutar de un festín en una fuente marroquí? La cerámica marroquí es célebre por sus diseños coloridos pintados a mano. No importa cuántas tiendas de cerámica visites en los zocos, cuesta no quedarse hipnotizado con estos remolinos de color.

En Fez, visitamos un taller de alfarería a las afueras de la ciudad para descubrir el proceso de producción. Primero, se muele la arcilla cruda de las canteras locales para formar un polvo fino que se mezcla con agua. A continuación, la arcilla se despliega y se amasa vigorosamente con los pies antes de pasar a la rueda del alfarero, donde adopta formas interminables: platos, cuencos, tazas, tajines, saleros, pimenteros, urnas y teteras. Los recipientes de arcilla se secan al sol durante varios días, se cuecen en un horno y después se cubren con un vidriado de color blanco lechoso y se ponen a secar de nuevo. En esta fase, los artesanos empiezan a pintar los recipientes con pinceladas delicadas, decorándolos con motivos geométricos, arabescos floridos o símbolos tribales extraídos de un repertorio ancestral. Los productos pintados vuelven al horno para la cocción final, de donde surgen resplandecientes y resistentes, listos para llevar tus cenas a otro nivel o para decorar un rincón vacío de tu casa.

 

Mosaicos

El zellige, o mosaico ornamental, es ubicuo en Marruecos; lo encontrarás en los vestíbulos de los hoteles y en restaurantes, en mezquitas y en salas palaciegas, e incluso en los baños. Aunque el arte de los mosaicos se remonta a las civilizaciones mediterráneas de la Edad del Bronce, el zellige se desarrolló de forma singular en Marruecos. Después, los moros lo llevaron a España y Portugal, donde prosperó con un nombre distinto: azulejo.

Puede que el zellige sea la artesanía marroquí más laboriosa: su producción comienza con arcilla de calidad, de forma similar a su oficio hermano, la alfarería («Fez tiene la mejor arcilla del mundo», nos informa con orgullo nuestro guía en el taller). Con la mano, se hacen cuadrados con la arcilla húmeda, se secan al aire y se cuecen. A continuación, estas tabletas se pintan con colores sólidos y vuelven al horno, de donde sale una colección de azulejos vidriados monocromáticos. A continuación, el artesano dibuja formas en la superficie de cada cuadrado —octágonos, triángulos, diamantes, estrellas, cruces— mientras un segundo artesano las labra con una herramienta llamada menkach. Un tercer artesano perfecciona esas piezas cortadas de forma aproximada, las ensambla en un patrón prediseñado y las pega o las coloca en yeso para formar una capa completa de azulejos. El zellige puede colocarse en paredes, suelos o techos, fuentes, espejos o mesas, transformando el más ordinario de los objetos o lugares en un deleite para la vista.

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Cuero

Lo primero que se nota en una curtiduría marroquí es ese olor penetrante e indeterminado, que puedes enmascarar con un ramito de menta fresca. Marruecos ha exportado productos de cuero artesanales desde el siglo XV y en las curtidurías de Fez pueden observarse técnicas para trabajar pieles que datan de la época romana.

En la curtiduría de Chouara, la más grande de la ciudad, unos tanques multicolores están dispuestos en el patio como si fueran la paleta de un artista: azul añil, naranja henna, verde menta, rojo amapola, marrón de cedro… Aquí se limpian, tratan y tiñen las pieles en crudo antes de ser entregadas a los artesanos, que trabajan el cuero teñido para fabricar una amplia gama de productos. No importa lo que busques: ya sean unas babuchas de color azafrán o un bolso estampado, lo encontrarás en la curtiduría de Chouara.

¿Quieres saber cuál es la mejor forma de saber si un artículo de cuero marroquí se ha producido de forma artesanal? ¡Huélelo! Si notas el olor revelador del amoníaco, sabrás que es real.

 

Metales

En nuestro paseo guiado por el zoco de Fez, un laberinto caótico de callejuelas que parece sacado de las páginas de Las mil y una noches, un fuerte estruendo metálico nos conduce hasta una plazoleta agradable, la Place Seffarine, o el barrio de los caldereros.

Aquí se han forjado y golpeado durante siglos lustrosos objetos de cobre y bronce como vasijas, candeleros, faroles, bandejas y teteras. Pasmados, escuchamos el ritmo de los golpes que propina un joven herrero a un gran cuenco de metal para darle forma. En una tienda cercana, vemos a un aprendiz que graba intrincados diseños sobre la superficie de una fuente de oro con una herramienta que se parece a un bolígrafo, empleando una técnica similar al damasquinado, que se cree que llegó a Marruecos de mano de los árabes y que continuó hacia España. En la actualidad, prospera en la ciudad de Toledo.

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Alfombras

Cerca de la aldea fortificada de adobe de Ait Ben Hadu —lugar Patrimonio de la Humanidad de la Unesco—, la dueña de un pequeño taller textil despliega alfombras polvorientas y coloridas a nuestro alrededor. Nos encontramos en la cordillera del Atlas, donde aún se mantienen las tradiciones del pueblo indígena amazigh (bereber).

Tejer alfombras es una de esas tradiciones y las mujeres de cada tribu amazigh son las guardianas de este oficio. Tejen con lana de oveja o pelo de camello, teñido de forma natural en una amplia gama de colores, en un telar combinando dos técnicas: el anudado y el tejido plano. Se puede tardar entre una semana y seis meses en terminar una sola alfombra, dependiendo de su tamaño y complejidad, y no hay dos piezas iguales.

Las mujeres del taller nos invitan a probar el telar. Nuestros dedos torpes se enredan en la tela y ellas se ríen y toman el relevo, tejiendo con destreza sin necesidad de seguir instrucciones ni un patrón salvo su imaginación, arraigada en la sabiduría creativa de la tribu. La dueña de la tienda comenta: «En una alfombra amazigh, puedes leer toda la historia de una mujer».

 

National Geographic ofrece muchas formas de explorar las maravillas culturales de Marruecos, como los viajes exclusivos por tierra, las expediciones privadas o los viajes ofrecidos en colaboración con G Adventures. Encuentra más información sobre nuestros itinerarios en Marruecos aquí.

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